sábado, 5 de enero de 2008

Blancas y negras

Las elecciones del 27 de diciembre en Kenia están dejando un rastro de sangre por todo el país. El Partido de Unidad Africana que gobierna desde 2002, con Mwai Kibaki a la cabeza, se declaró vencedor de las elecciones con su propio recuento. La oposición y los observadores internacionales rechazaron esa decisión por las claras sospechas de fraude que sobrevolaban las elecciones. Los partidarios de la oposición representada por el Movimiento Democrático Naranja, dirigido por Raila Odinga, se han echado a las calles para protestar por la estafa democrática. Una iglesia ha sido incendiada en la ciudad de Eldoret lo que ha causado la muerte de 35 miembros de la etnia kikuyu. Kibaki forma parte de esta tribu que representa el 22% de la población, y que siempre ha poseído la mayoría de recursos en Kenia. Después de diez días, han muerto ya 300 personas, y el país está a las puertas de una guerra civil. La presión internacional no está siendo demasiado fuerte, aunque parece que Kibaki está dispuesto a negociar. La oposición no quiere una negociación, sino su dimisión.

Esta es la información que dispone el individuo al ingerir su menú de noticias diarias. Sin embargo, detrás de esta simple información existe otra historia, otro modo de ver lo sucedido en vez de descontextualizar los conflictos como hacen la mayoría de periódicos y telediarios.
Los países africanos siguen colonizados económicamente por los países occidentales con numerosas empresas que extraen las riquezas del continente más rico del planeta con el beneplácito de sus dirigentes, a menudo títeres, que se llenan los bolsillos. Mientras los ciudadanos malviven en condiciones infrahumanas, en ciudades con superpoblación, sin infraestructuras estatales. El imperialismo de los siglos XIX y XX no sólo ha dejado este sometimiento económico que impide desarrollar las economías nacionales sino que sentó las bases de un subdesarrollo político y estructural que en el presente y en el pasado ha sido la consecuencia de tantos conflictos. Este subdesarrollo se debe a la imposición de la democracia y a la delimitación fronteriza.
En 1884, el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro, Bélgica, Dinamarca, el Imperio Otomano, España, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Países Bajos, Portugal, Rusia y Suecia se reúnen en la Conferencia de Berlín con la supuesta intención de eliminar el tráfico de esclavos en África. La cuestión a tratar eran las disputas que suponía la expansión colonial en el continente negro. Lo que realmente sucedió en aquella reunión fue el reparto del continente africano por áreas de influencia, pudiendo colonizar un territorio si se ocupaba la costa de éste. Este trazado de fronteras se hizo sin importar la distribución de la población, la distribución de los recursos naturales ni cuestiones culturales. El continente africano, por aquel entonces, estaba organizado en sociedades tribales. El intento de unir a diferentes tribus bajo un mismo territorio, con un mismo gobierno, ha resultado desastroso para la estabilidad de los países. Los conflictos por el control de los recursos son continuos entre las tribus porque no sienten una unidad nacional. Motivos económicos y políticos son con frecuencia el origen de los enfrentamientos entre tribus. La disputa por el poder no está canalizada por las vías democráticas, sino que el machete y las balas son la solución final. La fragilidad de unas democracias impuestas como si fuesen un modelo único y perfecto para todos los países del mundo, está pasando factura en África, y el montante final no es en dólares, sino en muertos.
Las salidas se agotan. Kenia, como tantos otros países, cuenta con multitud de etnias. Así se distribuye la población: kikuyu 22%, luhya 14%, luo 13%, kalenjin 15%, kamba 11%, kisii 6%, meru 6%, otros grupos africanos 12%. Kibaki cuenta además con la policía y al ejército para contrarrestar las manifestaciones de la oposición. Los disturbios se suceden día a día. África no sólo debe enfrentarse al yugo económico impuesto por los países occidentales, sino a la herencia fronteriza que dejaron los colonizadores trazando sobre el mapa líneas geométricas. Los Estados artificiales y sus correspondientes sociedades sin cohesión son de creación occidental, y suponen una barrera para el desarrollo político de estos países para intentar defenderse de la dominación económica.

En un tablero de ajedrez hay 64 casillas de ajedrez, 32 fichas en juego, blancas y negras. ¿Hay partida? Mueven negras.

1 comentario:

Julio Souto dijo...

Ei,

Puta mare, ya te comenté. Me parece idea genial el suplementar las informaciones supuestamente "objetivas" con comentarios que contextualicen, cargándo políticamente todo. Además, al hacerlo así de explícito me parece hasta legítimo.

He estado pensando, i creo que cosas de este tipo podrían ser una sección fija más. Algo como "Comentarios de recortes de prensa", o "contextualización de la realidad", algo así, piensa un título decente, ya que tú te has metido en este terreno.